Desde un principio, conformaron una pareja atípica para los cánones de nuestro club. Llegan juntos, almuerzan juntos,tiran juntos y juntos se retiran. Sobrios, discretos, más bien callados pero amables.En un principio llamaba la atención de algunos, el hecho de que ella le colocara las flechas en el arco, que luego lo acompañara hasta el blanco y se las recogiera, algo impensable para cualquiera de las demás damas quienes nos caracterizamos más bien por cierta independencia y rebeldía frente a nuestros caballeros. Luego, ella hizo el curso y se transformó también en tiradora, pero esto modificó muy poco su actitud hacia él: sigue retirándole las flechas del blanco. Durante las reuniones festivas, observan comprensiva y hasta piadosamente nuestro desaforado jolgorio, pero nos acompañan. Dan con su presencia, un lustre especial a nuestro club. Hoy él está enfermo y lleva su enfermedad con la misma discresión que ha tenido siempre para sus actos, pero a ella la veo preocupada. No quiero que estén sólos en los momentos que pudieran venir ( difíciles o no ) y digo sólos, de nuestro acompañamiento, de nuestra contención. Porque al club no vamos solamente a tirar flechas, vamos también a estar acompañados, a compartir, a querer.
Pero aclaro, por las dudas, que ni tan nobles sentimientos de mi parte, harán que le coloque las flechas en el arco a mi amado esposo, salvo que él así me lo indique.
Malicia
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